Dejar de apegarse a los familiares es la forma de co-existir pacíficamente

Los familiares son aquellos con los que compartimos una HISTORIA en común, son nuestros compañeros de viaje más cercanos y muchos veces preferiríamos que no fuera así.

La cuestión es que es imposible cambiar de familia como podríamos hacer con nuestro amigos, por eso se dice que los amigos son la familia elegida.  Esto no quiere decir que la relación con nuestros amigos no implique DESAFÍOS.  Lo que pasa es que normalmente nuestros amigos están allí cuando los necesitamos para contarles algún problema.

Con la familia es distinto porque hay muchas expectativas, y entonces esperamos que los demás familiares se ajusten a nuestros deseos porque los conocemos y son “MI HERMANO” “MI PADRE”.  Es debido a esto que se produce cierta “familiaridad” en la relación y creemos que tenemos derecho a decirles cualquier cosa.  Cosas que ni se nos cruzarían por la mente decirle a un desconocido.  Pero aquí aparece el apego nuevamente por considerar al otro “MIO”.

Nuevamente aparece el adverbio de poseción.  Esta simple palabra genera un aumento progresivo de la temperatura en las discuciones familiares.

Lo que pasa aquí es que me olvido de que su relación (la de nuestro familiar), conmigo es solo una parte de su rol en la sociedad.  Si amamos realmente a esa persona comprenderemos que es un ser humano individual y que tiene derecho a ser feliz a su manera.  Entonces la dejaremos libre y le daremos su espacio para que conozca a nuevas personas aunque no sea a quienes elegiríamos nosotros.  Esto es tener una actitud de desapego en la relación.  Esto  se llama equilibrio entre ser amoroso y desapegado.

El problema es cuando vemos que esa alma no es feliz con nosotros, pero que tampoco es feliz en la mayoría de sus relaciones.  En este caso será bueno buscar la ayuda de un profesional que puede ser un Psicologo o Psiquiatra.  No despreciemos la experiencia y preparación de un profesional.

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Relaciones Humanas

Pero por sobre todo no despreciemos la oportunidad de relacionarnos con Dios como El Cirujano Eterno.  El toma nuestras enfermedades espirituales (en este caso el apego) y la extirpa muy delicada y precisamente.  De forma que solo sentimos un tironcito.  Entonces ¿Qué tengo que hacer?  Confiar nuestra relación al Cirujano Eterno y tener fe en el proceso.   Para esto tengo que tener un poco de paciencia y tolerancia pero Dios nos garantiza que el hará su parte.

Además de compartir con nuestros familiares lazos de sangre también espiritualmente compartimos una identidad como almas hermanas e hijas del mismo Dios.  Tengo que tener la conciencia emergida de que solo estamos en el mundo para compartir amor y cooperar con nuestros hermanos.  La visión espiritual del otro como un alma incorporal aliviana la relación. No se puede tener apego al alma, solo al cuerpo.

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