El recuerdo de Dios

Nuestros padres físicos, no pueden darnos su confianza y que nosotros nos subamos a ella para dar los exámenes del colegio o la Universidad, pero lo que si pueden hacer es ser como un espejo en el que nosotros veamos nuestra propia confianza y así ayudarnos a que la despertemos.  Esto mismo hace Dios con nosotros sus hijos espirituales.

El camino nos tiene que conducir a la paz en algún momento, luego de lograr tantas metas materiales queremos algo más.  Lo que pasa es que no estaremos completos si nuestra mente no puede alcanzar el silencio.  El mundo más allá de este de imagen y sonido.

En este silencio conectamos con Dios.  Él es El Guardián de este mundo y en este momento está haciendo todo lo posible para invitarnos a que pasemos ratos allá con Él.  El nos invita por medio del conocimiento de quienes somos.  Eso nos da la capacidad de experimentar su compañía y presencia en este Su mundo y también el nuestro (porque todo lo que es de Dios es nuestro).  Este mundo solo lo podemos experimentar en la medida que dejemos atrás la ilusión de que somos un cuerpo, es decir el ego.

Las enfermedades y aflicciones del cuerpo y la mente son parte de lo que nos pasa en el plano físico, nosotros “estamos” enfermos, pero no “somos” enfermos.  La felicidad está más conectada con lo que somos en esencia, el plano del ser.  El plano del ser es el alma, el espiritual.  Un nuevo mundo de capacidades y potencialidades se abren ante mí cuando realizo mi parte espiritual.

No es que de un día para el otro me volveré consciente del alma y mis pensamientos serán puros y elevados, esto es un proceso.  Pero podría decirse que el primer paso de este proceso es volverse un observador.  Este también es el primer paso para aprender a meditar.  No un observador de lo que me pasa en el mundo allá afuera, sino de lo que pasa en mi interior.  Así lograré silenciar la mente de pensamientos inútiles y percibir la presencia de Dios a través de Sus vibraciones de paz y amor.

Esa paz y ese amor son todo lo que necesitamos para curarnos espiritualmente.  Pero ¡¡ojo!!, si intento buscarlos en el campo de la acción, que como decíamos es el campo del “estar” (temporal) corremos el riesgo de volvernos dependientes del afuera y nos volvemos esclavos.

“Sus hijos por tanto tiempo perdidos y ahora encontrados”

No hay nada malo con que el mundo sea turbulento (todo ocurre de acuerdo a un plan). El tema es que no tengo que identificarme con el y sus valores si estos son negativos.  No hay nada malo con la negatividad de la gente, yo no tengo que juzgar a los demás.  Somos juzgados por (el resultado que tienen cada una de nuestras acciones) La Ley natural del Karma.  Pero puedo ser misericordioso con mis hermanos las almas.  Verlos de forma positiva.

Si hablo a los demás desde el corazón de sus virtudes será más fácil para ellos ver sus defectos y su auto transformación  Esto es lo que hace Dios con nosotros.  El siempre nos ve como almas puras.  “Sus hijos por tanto tiempo perdidos y ahora encontrados”.  Hay mucho poder en vernos así y ese poder nos da la capacidad de ir más allá de lo inútil y negativo.  De esta forma soy una influencia positiva en el mundo.

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