La Edad de Oro es un estado de conciencia

Esta noche estaba viendo una clase del hermano senior Satish de Brahma Kumaris en el Internet. El dijo una frase que me quedó inmediatamente grabada en la cabeza, y es la que le puse de título a esta entrada:  “La Edad de Oro es un estado de conciencia”.

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Y continuaba diciendo para explicar que si en la conciencia tenemos ego, apego, avaricia, ira, etc. Entonces tenemos el estado de la Edad de Hierro.

¡Y vaya si eso me hizo pensar!

Porque nos pasamos tanto tiempo tratando de explicar que es la Edad de Oro y cómo el Ciclo del Mundo gira, hasta tal punto de que perdemos contacto con la realidad del ser, del alma.  El alma es el protagonista de este viaje alrededor del ciclo.

Inmediatamente tuve el pensamiento de que el mundo no gira independientemente del alma, el alma es protagonista de este viaje, en distintos cuerpos, estos cuerpos son cómo distintos trajes, y la escenas también cambian. El alma es la parte interior de cómo gira el ciclo del mundo, el mundo es como lo que vemos exteriormente.

El alma está realmente viva y gira a la par del ciclo cuando está consciente de sus cualidades originales, divinas, es el tercer ojo del que hablan las escrituras budistas e hinduistas.

Girar el disco de auto-realización es girar a la par que el mundo, en armonía con el, en un dialogo de complicidad con la existencia.  Desde la conciencia del cuerpo a la conciencia del alma, o sea desde la Edad de Hierro, a la Edad de Oro (en la conciencia).

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Autorespeto

Simplificar la vida más allá de sus posibilidades también es forzar los acontecimientos. Del manzano caen las deliciosas manzanas naturalmente cuando están listas.  Pero para que recibamos este maravilloso fruto del árbol hubo una serie de acontecimientos “naturales” previamente.  

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El Juego del Virtuscopio de la Iniciativa “Valores para Vivir” de Brahma Kumaris

Me refiero a que si el agricultor o la naturaleza no hubieran seleccionado la semilla para plantar en la tierra, si esta luego no hubiera sido regada convenientemente, nuevamente aquí por el agricultor o por la lluvia, y finalmente no se hubiera mantenido convenientemente un cuidado del retoño que luego se convertiría en árbol, entonces el delicioso fruto no hubiera caído de maduro.

Con las virtudes pasa lo mismo.  La semilla del conocimiento espiritual tiene que morir para transformarse en el fruto de las virtudes y de todo aquello que hacen apetecible a la vida.  Pero también es fundamental que cuidemos al retoño de nuestra alma para que no sea tapada y finalmente muerta por las malezas, por ejemplo los pensamientos negativos e inútiles que nos llevan a realizar acciones cuyos frutos no deseamos.

No puede crecer y dar frutos la vida sino quemamos la maleza alrededor.  Para esto necesitamos el fuego del Yoga (ver Raja Yoga). Y este fuego se alimenta con el amor, por Dios (ver El Yoga con el Alma Suprema) y por mis hermanos las almas.  Si ahogamos la plantita del amor con pensamientos de rencor e ira nunca llegaremos a ser felices.

La felicidad es el fruto de una vida de servicio y amor a las almas y a Dios.

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